La humanidad aún no ha utilizado toda su inteligencia
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Por Diego Delgado, CEO de Zeno Quantum
Llevo más de quince años trabajando en tecnología y observando cómo la tecnología transforma la forma en que las personas aprenden, trabajan y toman decisiones. He vivido el nacimiento de herramientas que parecían revolucionarias, he visto desaparecer otras que prometían cambiarlo todo y he participado en proyectos relacionados con datos, inteligencia artificial y comportamiento humano mucho antes de que la IA se convirtiera en tema habitual de conversación.
Y aun así, lo que estamos viendo hoy sigue sorprendiéndome.
No porque la inteligencia artificial sea capaz de escribir textos, programar, traducir idiomas o resolver problemas complejos. Eso ya forma parte del presente.
La revolución ya ha ocurrido. La IA ya está aquí.
Lo que me sorprende es que sigamos hablando de ella como si fuera el final de la historia.
Llevamos meses preguntándonos qué ocurrirá cuando la inteligencia artificial sea más inteligente que los seres humanos. Gobiernos, universidades, empresas y medios de comunicación parecen obsesionados con esa pregunta.
Yo creo que estamos formulando la pregunta equivocada.
La cuestión realmente importante no es qué ocurrirá cuando la inteligencia artificial sea más inteligente que nosotros.
La cuestión es qué ocurrirá cuando los seres humanos puedan utilizar una parte significativa del conocimiento de toda la humanidad.
La diferencia parece pequeña, pero cambia completamente la conversación.
Modelos como ChatGPT han demostrado algo extraordinario. Cuando una cantidad suficiente de conocimiento humano se conecta, aparecen capacidades que antes no existían. No hablamos únicamente de velocidad de cálculo o capacidad de almacenamiento. Hablamos de encontrar relaciones entre ideas separadas por disciplinas, resumir décadas de investigación en segundos, detectar patrones invisibles para una persona individual o construir respuestas utilizando millones de fragmentos de conocimiento dispersos.
La inteligencia artificial ha demostrado de forma práctica algo que la ciencia lleva décadas estudiando desde disciplinas tan distintas como la teoría de sistemas complejos, la inteligencia colectiva o la ciencia de redes: cuando se conectan suficientes nodos, emergen capacidades nuevas que no existían en las partes individuales.
Esto ya no es una teoría. Es una realidad.
Sin embargo, existe una contradicción fascinante.
La mayoría de personas observan la inteligencia artificial y ven el nacimiento de una inteligencia superior.
Yo observo exactamente lo mismo y veo algo distinto.
Veo una demostración de lo poderosa que puede llegar a ser la inteligencia humana cuando se conecta.
Porque toda la inteligencia artificial que conocemos tiene un origen común.
Los seres humanos. Libros escritos por personas. Investigaciones realizadas por personas. Experiencias acumuladas por personas. Errores cometidos por personas. Conversaciones mantenidas por personas.
Décadas de conocimiento generado por millones de individuos que nunca llegaron a conocerse entre sí.
La IA no ha creado ese conocimiento. Ha demostrado el valor de conectarlo.
Y aquí aparece algo todavía más interesante.
Todo aquello que hoy nos parece extraordinario ha sido construido utilizando únicamente una fracción del conocimiento humano disponible.
Una fracción enorme, sin duda. Probablemente la mayor cantidad de conocimiento que hemos conseguido conectar jamás. Pero sigue siendo una fracción.
La inmensa mayoría del conocimiento de la humanidad sigue disperso.
Permanece en empresas. En hospitales. En talleres. En aulas. En conversaciones privadas. En decisiones cotidianas. En intuiciones que nunca se escriben. En errores que nunca se documentan. En experiencias que jamás llegarán a Internet.
Cuando hablamos de conocimiento solemos pensar en libros, universidades o artículos científicos. Sin embargo, gran parte de la inteligencia humana nunca ha sido capturada. Simplemente desaparece.
Y aun así, la pequeña parte que hemos conseguido conectar ya ha sido suficiente para transformar industrias enteras.
Por eso creo que estamos mirando hacia el lugar equivocado.
La mayoría de analistas intentan imaginar qué será capaz de hacer la inteligencia artificial dentro de diez años.
A mí me interesa mucho más otra pregunta. ¿Qué será capaz de hacer la humanidad?
Imaginemos por un momento que una idea no dependiera únicamente de quien la tuvo. Imaginemos que cada hipótesis, cada experiencia, cada aprendizaje y cada error pudiera enriquecer continuamente el conocimiento disponible para los demás.
Por ejemplo: yo escribo este artículo y aporto una idea. Lo leeís miles de personas y la idea mejora. Si lo leyeran cien mil, mejora todavía más. Si lo leyeran cien millones, mi idea original se convierte en apenas una pequeña contribución dentro de algo mucho más grande.
No porque fuera mala.
Sino porque ninguna idea importante de la historia ha sido construida por una sola persona.
La ciencia funciona así. La innovación funciona así. La humanidad funciona así.
Lo que solemos llamar inteligencia individual suele ser inteligencia colectiva acumulada durante generaciones.
La diferencia es que hasta ahora nunca habíamos tenido una tecnología capaz de gestionarla a esta escala. Y esa tecnología también la hemos creado nosotros.
Por eso sostengo que la inteligencia artificial no es el siguiente nivel de inteligencia. Es la infraestructura que hará posible el siguiente nivel de inteligencia humana.
Durante décadas hemos utilizado la inteligencia colectiva para construir organizaciones más capaces. Google, Amazon, Netflix o Meta son ejemplos evidentes de cómo el conocimiento agregado puede convertirse en una ventaja competitiva gigantesca.
La siguiente revolución será diferente.
Consistirá en utilizar esa misma capacidad para aumentar las capacidades de las personas.
No para sustituirlas. No para decidir por ellas. No para convertirlas en observadores pasivos de sistemas cada vez más inteligentes.
Sino para ayudarlas a comprender mejor el mundo, explorar oportunidades invisibles para ellas y tomar decisiones apoyándose en una inteligencia mucho mayor que la de su experiencia individual.
Hace aproximadamente un año decidí que Zeno Quantum debía dedicar una parte importante de sus esfuerzos a explorar precisamente esa dirección.
Mientras gran parte del mercado utilizaba la inteligencia artificial para automatizar procesos o sustituir tareas, nosotros decidimos investigar una pregunta distinta.
¿Cómo capturamos información factual, intencional e inferida de miles de personas? ¿Cómo transformamos esa información en inteligencia? ¿Y cómo devolvemos esa inteligencia a la propia red para ayudar a las personas, empresas e instituciones que la generan?
Esa es la idea que hay detrás de MeCareer.
No utilizar la inteligencia colectiva para extraer valor de las personas. Sino para devolver valor a las personas.
Construir una red donde la información compartida genere inteligencia y donde esa inteligencia vuelva de nuevo a la red para ayudar a quienes forman parte de ella a tomar mejores decisiones.
Algunos pensarán que es una visión demasiado ambiciosa. Probablemente también pareciera ambicioso pensar que una máquina podría conversar, programar o traducir idiomas hace apenas unos años.
Yo no creo que la inteligencia artificial sea el destino final de esta revolución. Creo que es el descubrimiento que nos permitirá construir la siguiente.
Porque si una pequeña parte del conocimiento humano ya ha sido capaz de producir herramientas que nos asombran, todavía no somos capaces de imaginar lo que ocurrirá cuando los seres humanos aprendamos a utilizar una parte significativa de la inteligencia de toda la humanidad.
Y cuando eso ocurra, descubriremos que la pregunta nunca fue qué podían hacer las máquinas.
La pregunta era qué podíamos hacer nosotros los humanos.
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