Menos trabajos para los graduados
- zenoquantum

- 25 dic 2025
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 7 ene

"Menos trabajos para los graduados, una condena a muerte para los títulos universitarios", es un reciente artículo del diario Cinco Días que pone de manifiesto una tendencia ya visible en Estados Unidos: los empleos cualificados para graduados universitarios están disminuyendo, incluso en sectores tradicionalmente intensivos en talento.
No se trata de una anomalía coyuntural, sino de un cambio estructural. Estudios del Burning Glass Institute muestran que más del 40 % de las ofertas de empleo en EE. UU. que hace una década exigían título universitario ya no lo hacen, un fenómeno conocido como degree reset. En paralelo, la OECD constata que la prima salarial asociada a la educación universitaria se ha estancado, e incluso reducido, entre las cohortes más jóvenes en la mayoría de economías avanzadas.
La inteligencia artificial y los cambios estructurales del mercado laboral están erosionando el valor del título universitario como garantía automática de empleabilidad. El McKinsey Global Institute estima que entre un 20 % y un 30 % de las tareas propias de empleos cualificados de oficina serán automatizables antes de 2030, afectando especialmente a perfiles junior con formación generalista. Como tantas otras veces, lo que hoy ocurre en EE. UU. llegará a Europa más tarde o más temprano.
Este contexto obliga a replantear una cuestión que siempre ha sido estratégica, pero que hoy se vuelve crítica: la elección de la vertical profesional.
Entendemos por vertical profesional el camino que sitúa a una persona en un país, un sector y una profesión concretos. No es una decisión puntual, sino una secuencia acumulativa: el grado o ciclo formativo, la modalidad de estudio, las prácticas, el primer empleo y los siguientes movimientos profesionales. Cada decisión reduce el abanico de opciones futuras y refuerza una trayectoria específica.
La economía laboral lleva décadas describiendo este fenómeno como path dependence. Investigaciones lideradas por economistas como David Autor demuestran que las primeras experiencias profesionales condicionan de forma persistente salarios, sectores accesibles y capacidad de reconversión futura.
El mercado laboral es mucho menos flexible de lo que solemos admitir. La experiencia previa pesa más que el potencial. Quien comienza en banca lo tendrá muy difícil para pasar a consultoría estratégica si compite con candidatos que ya han sido socializados en ese entorno, aunque sus capacidades sean comparables.
Estudios longitudinales muestran que cambiar de sector tras los primeros cinco a siete años de carrera reduce de forma significativa la probabilidad de acceder a posiciones equivalentes en salario y estatus.
Este sistema empuja a avanzar siempre hacia delante, incluso cuando aparecen dudas, bajo la creencia de que la solución llegará en el futuro. En la práctica, funciona como una tela de araña: cuanto más te mueves sin cuestionar la dirección, más atrapado quedas. El movimiento no libera; consolida.
Hoy, además, esta dinámica se agrava porque los itinerarios ya no son claros. Las antiguas trayectorias lineales se han roto. El World Economic Forum estima que el 44 % de las habilidades clave de los trabajadores cambiarán en los próximos cinco años. Elegir mal una vertical no solo limita opciones: puede situar a una persona en un camino estructuralmente frágil frente a la automatización y la disrupción tecnológica, especialmente en roles basados en tareas cognitivas rutinarias, como contabilidad básica, legal junior o análisis estándar.
En este nuevo escenario, el futuro no pertenece al conocimiento acumulado, sino al saber hacer. No al currículum entendido como listado de credenciales, sino a la persona: su talento genuino, su capacidad de aportar soluciones, de adaptarse y de operar en un entorno volátil, incierto y hostil. La evidencia es clara: organizaciones que priorizan habilidades frente a títulos muestran mayores niveles de productividad y menor rotación. No es casualidad que empresas como Google o IBM hayan eliminado el requisito formal de grado en numerosos roles técnicos y analíticos.
Ya no navegamos en un mar en calma, sino entre olas de diez metros.
Imagina ahora que eres padre o madre. Tu hijo debe decidir su futuro en los próximos meses. Lees este artículo y te preguntas: entonces, ¿qué debe elegir?
La respuesta es clara. Mientras las empresas sigan cribando por currículums y la formación académica siga siendo un requisito de entrada, el camino académico clásico, universidad o formación profesional, sigue siendo necesario. Pero conviene entenderlo bien: es un pájaro de vuelo corto. Servirá un tiempo, no para sostener toda una carrera profesional.
El European Centre for the Development of Vocational Training subraya que la empleabilidad futura depende menos del nivel educativo alcanzado que de la capacidad de aprender, reaprender y aplicar conocimientos en contextos cambiantes.
El error es confundir el envoltorio con el contenido. Deja de mirar solo las notas de los boletines y observa a la persona que hay detrás. Identifica su talento, construye un plan para potenciar sus virtudes y trabajar sus debilidades.
Porque, en el futuro que viene, el éxito no estará en el envoltorio, sino en el bombón.
Elegir bien la vertical es ahora aún más importante si cabe, pero preparar bien a la persona lo es todavía más.
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