El talento es vago
- zenoquantum

- 12 sept
- 3 Min. de lectura

¿Por qué confiar solo en las habilidades, puede frenar el crecimiento de los estudiantes?
Durante mucho tiempo hemos escuchado que el talento es el pasaporte al éxito. Que quienes nacen con una habilidad especial están “destinados” a llegar más lejos. Pero la realidad es mucho más incómoda: el talento, cuando se acomoda, se vuelve perezoso, vago.
La trampa de lo fácil
Tener facilidad para aprender o destacar en algo suele ser una bendición, pero también puede convertirse en una trampa. Como las cosas “salen solas”, no se desarrolla el músculo del esfuerzo. Esa falta de entrenamiento en la constancia termina generando una zona de confort peligrosa: el estudiante se queda en su potencial, pero no llega a su mejor versión.
“No todos los notables son iguales. Un estudiante que alcanza un 7 gracias a su constancia y esfuerzo está desarrollando competencias que van mucho más allá de la nota: perseverancia, gestión del tiempo, resiliencia. En cambio, un estudiante que logra un 7 sin apenas esfuerzo puede estar limitando su potencial, porque no está entrenando la disciplina que le permitirá crecer en el futuro. Por eso, en educación, no deberíamos premiar únicamente la calificación final, sino también el camino que se recorre para alcanzarla”
Ejemplos que lo confirman
El motociclismo nos da un caso actual muy claro: Marc Márquez. Desde sus inicios fue considerado un piloto prometedor, y posiblemente uno de los más “dotados” técnicamente. Sin embargo, su capacidad de trabajo, sacrificio y mentalidad competitiva lo convirtieron en uno de los campeones más exitosos de MotoGP de todos los tiempos. Márquez lo resume en una frase: “El talento se tiene, se mejora con el entreno y el trabajo duro marca la diferencia entre ganar o perder.”
Y en la educación, ¿qué pasa?
El mismo patrón se observa en el ámbito académico. Investigaciones en psicología educativa han mostrado que los estudiantes con las mejores calificaciones no siempre son quienes alcanzan más éxito profesional en la vida adulta.
Por ejemplo, un estudio longitudinal de la Universidad de Boston (2019) encontró que:
Los estudiantes con notas sobresalientes en la escuela tendían a desempeñarse bien en la universidad.
Pero los mayores logros profesionales a largo plazo estaban más correlacionados con la capacidad de adaptación, la perseverancia y las habilidades sociales, no únicamente con el expediente académico.
De forma similar, un informe de la OCDE sobre competencias (2017) subraya que las “habilidades no cognitivas” como la resiliencia, la motivación y la autogestión explican gran parte del éxito posterior en el mercado laboral, más que las notas escolares.
¿Qué nos enseña esto?
El talento puede abrir la primera puerta, pero el trabajo, la constancia o la resilencia es lo que permite cruzar todas las demás.
Y aquí surge el gran reto: ¿cómo ayudamos a nuestros estudiantes a no conformarse con lo que les resulta fácil y a entrenar el valor del esfuerzo?
Algunas ideas practicas:
Valorar el proceso, no solo el resultado
Refuerza los intentos, la perseverancia y la dedicación, no únicamente las notas o los éxitos inmediatos.
Plantear retos alcanzables pero exigentes
Diseña tareas que obliguen al estudiante a salir de su zona de confort, aunque supongan esfuerzo extra.
Dar ejemplos inspiradores
Usa referentes actuales, como Marc Márquez, para mostrar que la disciplina multiplica el talento.
Fomentar la autogestión
Ayuda a los alumnos a planificar su tiempo, establecer objetivos y evaluar sus propios avances.
Normalizar el error
Enseña que equivocarse no siempre es sinónimo de fracaso, sino parte esencial del aprendizaje. No intentarlo si que es fracasar antes de empezar.
Recuerda: un mar en calma nunca hizo a un marinero experto.
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